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#Opinion ¿México pierde si sale del TLCAN? | David Monreal

Unas de las primeras medidas en materia económica que implementó el nuevo Presidente de los Estados Unidos de América fue firmar la orden ejecutiva que ordenaba retirar a su país del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP, por sus siglas en inglés).

Con ello cumplió una de sus promesas de campaña. Situación que ha dejado claro que Donald Trump no escatimaba cuando decía -como precandidato y candidato republicano a la Casa Blanca- que dejaría todos los tratados comerciales firmados por EUA que no habían sido benéficos para esa nación por representar empleos perdidos para los americanos y por el déficit en su balanza comercial, entre dichos acuerdos “nocivos” para el magnate sobresale el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Motivo por el cual en amplios sectores nacionales, desde los políticos, pasando por los empresarios y hasta llegar a la propia sociedad, ha encendido los focos rojos del enorme riesgo económico que implicaría que los EUA dejarán el TLCAN, máxime cuando Canadá -el otro socio del TLCAN- ha manifestado públicamente que negociará individualmente el TLCAN con el gobierno de Donal Trump, es decir, en una inminente renegociación de este acuerdo comercial, nuestro país se ha quedado sólo. Por lo que la pregunta obligada es: ¿México pierde si sale del TLCAN?

No podemos negar que con la entrada en vigor de este acuerdo comercial, el comercio de mercancías entre los socios (Canadá, EUA y México) se ha triplicado, alcanzando más de 946.1 mil millones de dólares hasta 2008, sin embargo, esto no es sinónimo de beneficio para nuestro país. Si observamos separadamente la producción de maíz, frijol, trigo y arroz, vemos un estancamiento nítido en la producción agrícola. Entre 1985 y 2011 la producción de arroz pasó de 807.5 miles de toneladas a 289.9 miles de toneladas. La producción de frijol, en el mismo periodo, pasó de 911.9 miles de toneladas a mil 186.5 miles de toneladas. La producción de maíz de grano, también durante el mismo periodo, pasó de 14.103 millones de toneladas a 24.446 millones de toneladas.[1]

Esto también se refleja en la superficie sembrada del total de granos básicos. En el año de 1985 era de 15 millones 522 mil hectáreas, en 1995 fue de 14 millones 927 mil hectáreas, en 2005 fueron 13 millones 94 mil hectáreas y para 2011 se redujo todavía más a 12 millones 880 mil hectáreas.[2]

El resultado global de esto es que, hoy, más del 30% del consumo alimentario del país está cubierto con alimentos provenientes del exterior, principalmente de EUA. El Departamento de Agricultura de aquel país ha estimado que las exportaciones estadounidenses a México de productos lácteos, carne bovina, manzana y pera, son 15% mayor de lo que hubieran sido sin el TLCAN, a diferencia de lo que ocurre con los exportadores mexicanos, cuyos productos son de poca importancia en el mercado del vecino del norte y en lugar de que este tratado comercial sea una ventaja significa una mayor competencia, principalmente por los subsidios y apoyos que EUA da a sus productores.

En resumen, EUA es quien ha sido más beneficiado con el TLCAN y es quien ha sabido capitalizar mejor este instrumento de poder de sus intereses comerciales, al desplazar a un gran número de competidores del mercado mexicano. Por lo que no es erróneo decir que la dependencia de nuestro país hacia la Unión Americana en la cuestión alimentaria se ha profundizado con el TLCAN, vulnerando aún más la soberanía alimentaria de México.

Nosotros no perdemos si abandonamos un Tratado comercial desigual e injusto como lo ha sido el TLCAN, por el contrario, es el momento idóneo para decir basta a los abusos, para actuar con dignidad ante los chantajes y para rescatar del abandono en el que se encuentra al campo mexicano, lo que nos permitiría alcanzar la soberanía alimentaria a través de un nuevo modelo de desarrollo equitativo y sustentable, con lo cual habría una producción nacional suficiente y acceso a alimentos sanos, nutritivos y diversos para todos los mexicanos, al tiempo que tendríamos la oportunidad de exportar a otros países en condiciones más equitativas y benéficas para nuestros productores.
[1] Calderón Salazar, Jorge Alfonso. “20 años del TLCAN. Su impacto en la balanza de pagos, agricultura y vulnerabilidad externa de la economía mexicana”, Miguel Ángel Porrúa, México, 2014, p. 211-212.

[2] Ibídem, p. 212.

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