Osvaldo Ávila: La mafia del poder aún existe, ahora está con López Obrador

Por: Osvaldo Ávila Tizcareño.

Dirigente Antorchista de Zacatecas

Ya voces experimentadas se han ocupado del asunto y han expuesto de manera magistral que el éxito del Presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), como candidato radicó en la forma en la que supo construir su discurso, que aunque siempre fue expuesto con poca elocuencia, sin emotividad y con bastantes frases comunes que se repetían hasta el cansancio, logró hablarle a la gente de lo que quería y decirle lo que le interesaba, despertando su esperanza y conquistando su voluntad para llevarlo a las urnas.

            Una de esas tácticas mercadológicas fue construir un  enemigo perverso que se oponía a la llegada al poder de  los “buenos” y que era “la mafia del poder”, que congregaba  lo mismo a políticos, líderes sindicales o empresarios que se aglutinaron (según AMLO) con el objetivo de impedir a toda costa el arribo de ese grupo encabezado por él al poder de la nación. La composición de la supuesta mafia era bastante heterogénea y se mencionaba a poderosos políticos como Carlos Salinas, Felipe Calderón, Vicente Fox y a potentados como Roberto Hernández, Carlos Slim, Emilio Azcárraga, Germán Larrea, Lorenzo Servitje, entre otros.

            Como todos sabemos la historia hoy es otra, con el respaldo de la tercera parte de los mexicanos y con el orgullo de haber enfrentado con éxito a sus detractores, el poder de la nación está en manos del otrora aguerrido líder político que llegó a ocupar la silla presidencial  bajo las siglas del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA).

            ¿Qué ha pasado con los otrora mafiosos? ¿Los presuntos corruptos han cambiado, están en la cárcel? ¿En realidad existía? Rápidamente la verdad se puso al descubierto, estábamos ante un mito más, ante una más de las muchas estrategias que hoy cambian diametralmente, pues alguna vez lo dijo el propio Presidente “una cosa es la campaña, ahora somos gobierno”.

            Basta remitirse un poco a la historia para entender que hay datos elocuentes que demuestran que antes, como hoy,  existieron vínculos muy cercanos de López Obrador con poderosos empresarios a los cuales, incluso, se les hizo concesiones o se tomaron acuerdos importantes que generaron dividendos económicos seguros para ambas partes. Tres referencias en el libro de Jorge Zepeda Patterson titulado “Los Amos de México”, demuestran lo anterior. Veamos.

            “En el 2002, se le otorga una concesión  al grupo Peñoles de Alberto Bailleres por 20 años para la administración del servicio de agua potable para el 25%  de la población y posteriormente se le entregó una concesión de 5 años para servicios comerciales de catastro, medidores  e infraestructura hidráulica del 50% de las delegaciones capitalinas”. En otro apartado, se habla de su vínculo con Carlos Slim, “cuando López Obrador era Jefe de Gobierno del D.F. mantuvo una relación cordial con Slim. Estaba de por medio la remodelación del centro histórico que el magnate financió. El político y el empresario podían haberse entendido de ganar el primero las elecciones presidenciales”. Pero hay más. “El miércoles 3 de julio de 2002, Organización Ramírez Cinemas, inauguró un complejo de Cinépolis con 16 salas tipo estadio, a la apertura asistió el Jefe de Gobierno Andrés Manuel López Obrador que reconoció a la organización y dijo que era ejemplo de lo que debía hacer la iniciativa privada, a lo que Enrique Ramírez Villalón agradeció el apoyo a su empresa”.

            Está claro que desde siempre, se han establecido pactos abiertos o embozados con poderosos magnates a los que incluso, se les puede agredir o tensar la relación con declaraciones tronantes, pero  en los hechos los que son del club reciben trato preferencial y apoyo gubernamental, los hechos anteriores son una prueba de ello.

            Si eso sucedió en el pasado en la Ciudad de México, ahora con el poder de la nación los efectos se multiplican. En los ocho meses que han transcurrido del actual gobierno, según Compranet, el 74,3% de las adquisiciones del gobierno federal se hacen por adjudicación directa siendo el caso más escandaloso la compra de 671 pipas para el abasto de gasolina o la adquisición de medicamentos, los beneficiarios de esta “bondad” han sido empresas vinculadas a amigos del primer mandatario como el Grupo Riobóo o Carlos Lomelí ex superdelegado en Jalisco.  

            Otro dato bastante significativo es el caso del dueño de Banco Azteca, el encargado de las transferencias monetarias del Gobierno Federal Don  Ricardo Salinas Pliego, que  antes era prominente miembro de la “mafia”  y hoy que en un año, según la revista Forbes, vio crecer su fortuna de 7,100 millones de dólares a 11100, sumando la estratosférica  cantidad de 219 millones de pesos al día. Lo dicho, con el nuevo gobierno solo cambiaron algunos “predilectos”, otros mutaron y dejaron  de ser villanos para ser del “club” y algunos se estrenaron como los nuevos “gurús” de la economía nacional.

            Un elemento más. La revista Proceso informó recientemente que tres empresas propiedad de Slim, Salinas Pliego y Azcárraga brindarán el servicio de internet a instituciones públicas, por este servicio Slim, cobrará 84 millones 65 mil pesos por un año; Total Play de Salinas Pliego, 22 millones 557 mil pesos y Operbes de Azcárraga, cuatro millones 252 mil pesos, sumando un total de 110 millones 875 mil 501.

            No hay duda. Los que antes eran mafiosos (según AMLO), ahora son socios del gobierno federal y son beneficiarios de las  “bondades” de la Cuarta Transformación. El primero de julio no hubo un cambio de modelo económico, ni de clase gobernante, solo es otro grupo  en el poder y quienes se apropian de la riqueza son los mismos de siempre que, según Forbes, son alrededor de 17 magnates.

            Los datos aportados anteriormente, demuestran que antes y ahora existía un entendimiento con los protagonistas de 4T y que aunque se empecinen en decir que la realidad ha cambiado, las pruebas anteriores son elocuentes, por lo tanto el pueblo debe darse cuenta de la urgencia de formar una fuerza social auténticamente popular, pues de no hacerlo los males se acentuarán y las mayorías seguirán padeciendo los excesos de los falsos redentores.